Como habréis podido adivinar por las últimas entradas, hemos estado esta Semana Santa, unos días en Málaga.
La ciudad era un hervidero de gente, se ve la importancia que tiene su Semana Santa. Desgraciadamente, pocas procesiones pudimos ver a causa de la lluvia, pero lo poco que vimos y los tronos e imágenes que pudimos contemplar en las casas de hermandades, que es como allí llaman a las sedes de las hermandades, nos gustaron mucho.
Si pensamos en comer, poco puedo decir más que, es Andalucía. Las tapas y el “pescaito” frito o el adobo lo encuentras por todos lados y a muy buenos precios. No es tan exagerado como Granada, pero no defrauda.
La gente, en general, como las tapas, Andaluces, amables, cachondos, en definitiva atentos.
La catedral digna de visitar, la pena es que al ser las fechas que eran, entre ritos y la cantidad de gente que había, no pudimos visitarla como se merece.
Sin duda un sitio al que volveremos en una época más tranquila para visitar todos los monumentos que posee y como no el museo Picasso.