Ayer fue un día muy triste. Troy nuestro queridísimo pastor alemán, nos dejó tras casi 14 años.
Hace algunos meses que la artrosis en las caderas le impedía andar bien. La semana pasada, la situación era extrema, ya casi no podía andar por los dolores, así que pese a lo mayor que era, decidimos implantarle una prótesis. La operación salió bien, pero Troy se rindió. No quería comer, empezó a tener problemas renales y lo tuvimos que llevar otra vez al veterinario y dejarlo unos días.
Antes de ayer parecía que mejoraba un poco, no mucho, pero dio esperanzas. Ayer me llamó su veterinaria, María Dolores, para decirme que la cosa estaba muy mal y que creía que lo mejor era dormirlo.
Fuimos a verlo y la decisión fue rápida, al verlo en el estado que estaba y que le costaba respirar, decidimos que no íbamos a consentir que sufriera, ya que las posibilidades de que saliera adelante eran muy pocas.
Quise estar con él en esos últimos momentos y aunque sigo sintiendo una gran tristeza y lo echo mucho de menos, creo que fue lo mejor para él.
Aunque desgraciadamente el resultado no fue el que nos hubiera gustado, quiero agradecer de todo corazón todo lo que el Centro Policlínico Veterinario Raspeig, ha hecho por el, especialmente a María Dolores, que lleva tratando a mis animales desde hace muchísimos años, por su interés y su humanidad, así como a todos aquellos que han estado con él, Juan José, el traumatólogo que lo operó, Rafa que lo trató en varias ocasiones, Manuel, que lo asistió en sus últimos momentos y todos y cada uno de ellos, desde las chicas de recepción hasta los auxiliares. Gracias.