Otra vez a Madrid. Esta vez el ya tradicional viaje a la Feria del Libro. Viaje en coche. Coche nuevo, por cierto, Nissan Qashqai cortesía de mi cuñado Iván. Gracias “cuñao”, que le dieron el coche nuevo el jueves por la tarde y nos lo ha dejado todo el fin de semana.
El hotel ha sido el Tryp Menfis, en plena Gran Vía, a pocos metros de la plaza de España. La habitación grande, la tele de tubo y algo alejada, la cama para matar al que la puso, un dolor de espalda terrible, algo de mal olor por los pasillos, aunque nada en la habitación, y el cuarto de baño, pequeño, aunque con mampara. En definitiva, flojo para ser un cuatro estrellas. No tiene parking, pero tiene un acuerdo con uno que esta detrás, donde te hacen un 30%, un día y 22 horas de estancia algo mas de 38€, una pasta, pero había que proteger el coche nuevo.
El sábado, paseos por Madrid, algunas tiendas y Starbucks. Sobre este último hablaré en otra entrada. El domingo mañana en la feria del libro. Compre algunos libros, como siempre y firmados por sus autores, cosa que no tiene el libro electrónico, por cierto.
El primero que compré fue “El heredero de Tartessos”, de Arturo Gonzalo Aizpiri, me convencieron entre el y su editor, ambos muy agradables y simpáticos. Trata, como ellos dijeron, de una época poco conocida, por lo que me animé, además de por su verborrea, a comprarlo. Luego compré tres de Joaquín M. Barrero, “El tiempo escondido”, “La niebla herida” y “Una mañana de marzo”. También sumamente agradable, eran ediciones de bolsillo, por lo que por el precio de uno de tapa dura, me lleve los tres. Todos dedicados.
Y para terminar y este si que tiene rollo, “El hombre que hablaba con las ranas” de Miguel Ángel Rodriguez, mas conocido por “el Sevilla” de los Mojinos.
Nada mas acercarnos, soltó una parrafada sobre el libro impresionante, casi sin respirar. Fue muy gracioso, por lo que nos decidimos a comprar el libro, vale solo 14,50€. Lo he leído por encima y me hizo sonreír, por lo que creo que vamos a pasar buenos momentos con el.
Lo mejor, la gente de una cierta edad solo lo conocía por haber bailado en la tele. La gente le decía que bailaba muy bien.
Después de comer, otro paseo, ultimas compras y vuelta para Alicante, con menos dinero, mas cosas y algo relajados mentalmente.